Es como plantarte frente a un espejo reducir toda la imagen a "un primer plano" y mirarte. Arqueas una ceja, arqueas la otra, sonreis, haces "trompita" te mordes el labio inferior, haces muecas, haces caras. No importa la edad, siempre lo haces, pero no dura mucho. Nadie es capaz de soportar su propia mirada, y mucho menos verse a si mismo tal cual es frente a un espejo durante mas de un par de minutos.
Por eso prefiero los ojitos de avellana, esos que me miran y no me molestan, esos que miro y podria pasarme todo el dia mirandolos. Esos que estan en todos lados y a su vez en ninguno. Esos que cuando alguien te pregunta como son no encontras a nadie para mostrarle. Pero cuando no los "mostras" aparecen sin necesidad de aviso.
Ya me son familiar, aunque todavia nunca he logrado acostumbrarme, ni dominarles.
Te miran con suspicacia. Sin necesidad de mas podes escuchar una carcajada a traves de ellos, y por que no llantos sin lagrimas. No se desarman en llanto porque no pueden. Quisieran ya pues mas de uno, pero no. La angustia se les queda adentro, o les sale por los poros, o a veces tambien a traves de la luz, pero esos ojitos no lloran. No son capaces de producir lagrimas.
En cambio si podes ver en ellos, caras dormidas, esas tipicas "rayitas" que se forman por debajo cuando acaban de despertar.
Intimidad: me encanta jugarles, me encanta "apostar" a quien aguanta mas, me encanta mirarlos y que me invada un vendaval que me erice hasta la punta de los dedos.